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Preparar una conferencia no es solo investigar sobre el tema, leer libros y artículos relacionados o bajar información de la Internet. Para Dale Carnegie preparar una buena presentación significa reunir los pensamientos propios, las ideas propias, las convicciones propias, las necesidades propias. La preparación no es anotar algunas frases de la vida sobre el papel, no es aprenderse una serie de datos de memoria.
De ningún modo. La verdadera preparación consiste en extraer algo de nosotros mismos, en reunir y ordenar nuestros propios pensamientos, en fomentar y nutrir nuestras propias convicciones y saber lo que vamos a decir. Sin una adecuada preparación, únicamente los dotados de un especial talento lograrán sobrevivir.
Con la preparación adecuada, cualquier persona que lo desee puede hablar bien en público. En estos tiempos donde contamos con herramientas poderosas de ayuda, no podemos dejar que sea la tecnología que genere nuestro producto. Ella puede ayudarnos, sí, y mucho, pero debemos siempre imprimir nuestra propia personalidad en todo lo que hagamos.
La preparación de una buena presentación no exige que usted sea un profesional de la comunicación o pedagogía, con la sola preparación se puede lograr. En la oratoria, como en todo arte, ciencia o disciplina, nada puede hacerse sin un trabajo perseverante que presupone un 90% de transpiración y un 10% de inspiración.
Toda persona que, por la índole de su trabajo tiene que hablar en público, tiene la responsabilidad ética de hacer un esfuerzo para mejorar su capacidad de comunicación. Lo que debe quedar claro es que la capacidad y destreza para hablar en público puede adquirirse.
Escoja el tema con mucho tiempo de anticipación, piense en él durante los ratos perdidos, medite, duerma pensando en él, sueñe, en fin, con él. Hable de su tema con los amigos y colegas. Conviértalo en motivo de conversación, haga todas las preguntas posibles con respecto a él. Escriba en papel todas las ideas y ejemplos que se le ocurran, no confíe en su memoria.
Los pensamientos, las sugestiones, los ejemplos, irán apareciendo en los más diversos momentos, mientras nos bañamos, en el entaponamiento oyendo a Jochy con el mismo golpe, mientras esperamos que nos sirvan la cena. Este es el método de todos los buenos dictantes o conferencistas.
Después de haber pensado espontáneamente durante algunos días, entonces inicie su investigación: bibliotecas, librerías, revistas, journals, Internet, entrevistas, periódicos, fotos, imágenes, gráficos, recursos, fuentes. Reúna mucho más material del que vaya a emplear, halle cien ideas y luego descarte noventa. La manera de desarrollar el poder de reserva consiste en saber mucho más de cuanto podamos emplear; en tener un depósito repleto de información.
Piense en su presentación como si fuera un viaje, que tiene un inicio y un final. Decía Napoleón Bonaparte que el arte de la guerra es una ciencia en la que nada sale bien si previamente no se calcula y medita. Esta afirmación también es válida para el arte de hacer una buena presentación. Una presentación es un viaje. El charlista, dictante o conferencista que no arranca de alguna parte, generalmente no llega a ninguna parte.
No se pueden dar reglas infalibles, rigurosas, sobre el ordenamiento de las ideas y la construcción de todas las presentaciones. Cada presentación tiene sus características particulares. Pero en toda presentación es necesario que usted atraiga la atención y el interés del público y gane su confianza, diga lo que tiene que decir y motive su auditorio.
Haga cuantos borradores de su presentación sean necesarios. Si tiene dificultad en la pronunciación de alguna palabra en concreto, elimínela e introduzca otra que le resulte más cómoda. Hay un enorme número de palabras en nuestro idioma; tenga siempre a mano un diccionario de sinónimos.
Medite, corrija, léaselo a otra persona, busque críticas y opiniones y cuando tenga el producto final apréndaselo de memoria, pero no palabra por palabra, sino el orden de las ideas, los conceptos y los planteamientos, y principalmente el mensaje que quiere dejar.
Lo más desagradable es que un presentador se pase todo el tiempo leyendo las diapositivas que está presentando. Se mantenga de espaldas al público. Los auditorios no soportan cosa semejante. Mirar al público es absolutamente esencial. No se voltee para leer las diapositivas a no ser que quiera utilizar el puntero o mouse para señalar algo, si usted se voltea constantemente, se desentiende de su auditorio que vive y respira alrededor de usted. Incluso cuando tenga que voltearse para ver alguna palabra clave o señalar algo en la pantalla, procure suspender el contacto visual con el público tan solo breves momentos.
Recuerde que usted no esta leyendo un libro, artículo o discurso, esta haciendo una presentación, una conferencia.
No es lo mismo la palabra hablada que la palabra escrita. El hecho de establecer contacto visual con el auditorio no constituye ninguna garantía de una presentación inspirada. Pero con ello eliminará usted el mayor obstáculo que se opone a una presentación de éxito. Mantendrá, por lo menos en parte, el interés del público porque no habrá cortado la línea vital de comunicación con él. Cuando miramos a nuestro auditorio, lo hacemos partícipe de nuestra presentación. Y además, mientras usted habla, el público tendrá la sensación de que las palabras le brotan del corazón.
Otra observación sobre el contacto visual: mientras habla, verá usted un público...una masa confusa e indefinible. Los que le escuchan se percatarán fácilmente de que usted está mirando sin ver. Elija unas cuantas personas en concreto. Hábleles directamente. Hay una mujer con un vestido rojo en la primera fila: al hablar, diríjase a ella. Fije la mirada en sus ojos. Al cabo de un momento, vuelva lentamente la cabeza hacia el otro lado. Un hombre gordo y calvo: mírele mientras desarrolla su tema, y así sucesivamente.
Cuando se habla directamente a una persona en concreto, el nerviosismo tiende a desaparecer porque de pronto estamos teniendo una conversación “de tú a tú”; lo cual es algo rutinario para usted, ¿verdad? Esta técnica solo se consigue manejar con naturalidad cuanto más hable en público. Atráigase a su público acercándose a él.
Al hablar, piense que su auditorio lo componen amigos con los cuales comparte algo útil, valioso o, por lo menos, lo suficientemente interesante para absorber su atención durante unos momentos. Si lo consigue, habrá transmitido un mensaje que será comprendido, conservado e incluso puesto en práctica. La máxima aspiración de un buen dictante o presentador es la de crear un clima de armonía con el público. Los franceses llaman a esto establecer un rapport, es decir, una especie de abrazo, una afectuosa cordialidad, un mutuo acercamiento, una cálida amistad que es garantía de afinidad y concordia entre las personas.
Cuando dicte una conferencia, hable CON el público y no AL público. El contacto visual es el primer requisito de esa armonía. No me cansaré de repetirlo: Mientras menos se voltee usted a leer sus diapositivas, tanto mayor será ese indispensable contacto visual, que es la primera condición de la armonía con el público.
Es necesario interpretar el lenguaje corporal del auditorio y reaccionar en consecuencia. Si la expresión de la cara dice mucho sobre lo que una persona siente, también es importante la postura corporal que adoptan los oyentes. Una persona inclinada hacia adelante manifiesta mayor interés que alguien que esté echado hacia atrás. Si observamos a alguien que parece aburrido o desinteresado, podemos dirigirle una pregunta directa que le permita expresar su pensamiento. Pero si no contesta, no le demos más importancia y continuemos con la conferencia, pues la razón de ese aparente desinterés puede estar motivada por causas totalmente ajenas a nuestra intervención.
Debemos dirigirnos al auditorio que está ante nosotros, mirándoles a la cara y observando continuamente sus gestos, facciones y observando su lenguaje corporal. Si observamos que el auditorio se relaja, se muestra poco interesado y si, en definitiva, parece aburrido, debemos emplear algunos recursos que relancen y faciliten nuestra comunicación con él. En primer lugar, cambiando de posición, saliendo de detrás del atril, poniéndonos de pie, acercándonos al auditorio, etcétera.
También podemos recurrir a:
En algún caso, podemos citar a alguna persona poniendo su nombre al principio de la frase para prevenirle que estamos hablando con ella y que tiene libertad para aceptar la invitación. No debemos sorprendernos en el caso de que no nos conteste. En ese caso, continuaremos con nuestra conferencia.
No está demás incluir en la conferencia, si el auditorio no es muy grande, preguntas sobre la comprensión del contenido. Si éstas se producen, contestaremos brevemente y sin hacer mención a ningún punto que no hayamos tratado hasta ese momento. Si se producen preguntas espontáneas de los oyentes, hemos de contestar sin vacilaciones, de forma escueta y procurando no alterar el contenido ni el ritmo de la conferencia. Si vemos que el número de preguntas aumenta y derivan en un debate, lo mejor es transferir la situación hacia el debate final y continuar con la conferencia.
Uno de los objetivos que persigue una conferencia ante un auditorio es convencer o persuadir a los asistentes en una determinada dirección. Pero, si el auditorio está de acuerdo con nosotros no hay necesidad de convencerlo. Por ello, es importante disponer favorablemente al auditorio desde el primer momento. Nuestra presencia, nuestro semblante y las primeras palabras son decisivas en este intento. Si estamos ante un auditorio convencido, hemos de ser prudentes y no recrearnos en lo obvio o conocido. Un exceso de celo, de explicación superficial o una palabra mal dicha puede desanimar a los oyentes ya convencidos. No debemos recrearnos en lo que le resulta obvio o es sobradamente conocido por todos los presentes. Pero también hay un tope en la cantidad de información nueva que podemos transmitir al auditorio.
Una buena forma de comenzar una conferencia es persuadir al auditorio del motivo por el que deben escucharnos. Debemos demostrarle que la solución que ofrecemos podrá solventar el problema que tienen en ese momento. Muchas veces la persuasión se logra dejando que los oyentes se convenzan a sí mismos de aceptar nuestro punto de vista.
En todo este proceso de persuasión debemos tener en cuenta que el efecto de nuestras palabras se puede ver disminuido por un deficiente lenguaje corporal. Si nuestras palabras dicen una cosa y los gestos lo contrario, el auditorio pensará que les estamos engañando. Las personas que se sienten a gusto unos con otros tienden a adoptar una postura similar y a cambiarla para adaptarse unos a otros. Por muy apasionada que sea nuestra conferencia, si no hacemos nada más que hablar continuamente, no llegaremos a convencer a nuestros oyentes. Por ello, conviene programar algunas pausas para invitar a los oyentes a colaborar, aunque sólo sea con su pensamiento.
Si, finalizado la conferencia o en una interrupción, observamos que alguien no está convencido de nuestras palabras y vemos que quiere intervenir, debemos escucharle con atención. Aunque sin permitir que nos distraiga la respuesta, el nerviosismo o la pregunta más o menos irritante del interlocutor. Sin dejar de mirarle, debemos demostrarle con nuestros gestos, nuestro interés hacia su planteamiento. Aseveraciones como comprendo, ya veo, etc. servirán para aumentar la sensación.
Si el interlocutor demostrara escasa capacidad de palabra o excesivo apasionamiento, no debemos interrumpir nuestro silencio de oyente interesado y, menos aún, caer en la tentación de apuntarles las palabras que busca o terminar la oración por él. El crédito, la credibilidad, es la mayor cualidad que puede proyectar un conferencista. Es necesario que le muestre al auditorio argumentos que estén basados en hechos reales; ponga muchos ejemplos prácticos para ilustrarlos, pero evitando las exageraciones.
Por otra parte, el auditorio sabe que un texto puede haber sido copiado de un libro o artículo, representando ideas de otro autor y no del presentador (lo cual en la mayoría de los casos es cierto) y tiende a dispensar una acogida más hospitalaria a lo que intuye como pensamientos del propio dictante que a las ideas de un autor desconocido.
Sus palabras, las palabras que le brotan del corazón y de su imaginación, son acogidas por unos oídos más receptivos. Si despierta usted crédito, puede fallar en alguna parte de su presentación (pero no en muchas) y, sin embargo, terminar con la sensación de que el público le ha aprobado y está de acuerdo. El crédito es más fácil de alcanzar cuando usted da la impresión de pensar por sí mismo y no ya de estar pronunciando palabras como un robot, cada vez que aparece un texto en una diapositiva.
Por esa razón es que debemos preparar nuestras diapositivas con el menor número de texto; utilizar palabras claves y cuando sea necesario esquemas resumidos de notas. Lo esencial para presentar una conferencia con la ayuda de las diapositivas es un profundo conocimiento del tema que va a desarrollar. El dominio absoluto del tema es la más sólida armadura con que uno puede vestirse.
Al comenzar a hablar no consulte nunca sus notas o lea las primeras diapositivas. El principio de una presentación es el momento en que usted exhibe la sensación de espontaneidad, donde demuestra que su intervención no es ensayada (aunque lo haya hecho mil veces). Si tiene que consultar sus notas o mirar su diapositiva para recordar algo detenga su conversación con el público, si no lo hace, irremediablemente leerá lo que está escrito y perderá naturalidad.
Después que consulte sus notas o diapositiva haga una pausa, vuelva a mirar a su auditorio y hable directamente al público. Cuando llegue al final de su presentación y vaya a emitir sus conclusiones no consulte nada. Diga sus conclusiones o sus frases concluyentes mirando todo el tiempo al público. Nunca permita que su material de apoyo se interponga entre usted y su auditorio. Procure que todos los presentes tengan la impresión de que le habla a cada uno individualmente.
Si nota en algún momento que su público pierde la atención, trate siempre de hacer algo para recuperarla. Para ello utilice variedad en sus palabras, en sus gestos, en sus movimientos y en sus diapositivas, pues es el condimento de toda presentación.
Las presentaciones sin variedad son como un sancocho que aunque tenga todo tipo de carnes y víveres si el cocinero (presentador) no le pone sazón y muchas veces su corazón, no saben a nada. Estará claro que es un sancocho, pero no será un sancocho impactante, como aquel que la gente recuerda cada vez que se come uno.
Para poder lograr hacer una presentación con soltura, se tiene que preparar y practicar. La preparación y la práctica no pueden sustituirse por nada. El mejor consejo que le puedo dar y lo mejor que usted puede hacer es la práctica. La práctica es fundamental e insustituible en este ámbito, ya que la capacidad de hablar se afirma y se desarrolla después de cada experiencia.
Conviene que usted participe en algún curso de oratoria. Pero un curso en sí mismo, sin ejercicios prácticos, de poco sirve, como de poco sirve limitarse a leer este artículo. Está harto demostrado, que no es posible adquirir y desarrollar la capacidad de hablar en público, sin el esfuerzo del aprendizaje práctico. El oficio de conferencista, como el que más, se aprende con la práctica.
Una técnica que utilizo con mucha frecuencia es grabar mi presentación y luego oírla y hacer que otros la oigan, de esa manera puedo encontrar muchos errores que cometo en la dicción y pronunciación de las palabras y construcción de las oraciones.
En algunas ocasiones he ido más lejos, he grabado la presentación en cinta de video, que es lo ideal. Si usted no cuenta con recursos para hacer estas recomendaciones utilice un espejo hable frente a él y mírese, mejor aún, alquile o pida prestada una cámara de video. Una vez que tenga lista su presentación, practíquela interiormente mientras va por la calle (Tenga cuidado, eventualmente le pueden gritar ¡Loco! o choca con un motoconchista o una voladora).
Vaya a algún lugar donde pueda estar solo, y repásela desde el principio hasta el final, con los gestos y el calor con que planea presentar su disertación. Imagine que el auditorio está frente a usted. Cuanto más ensayemos más cómodos nos sentiremos al llegar el momento de hablar. Hago aquí tanta insistencia con la preparación, debido a que es un área de extrema vulnerabilidad en las conferencias científicas. La familiaridad con su tema y la confianza en su investigación no son suficientes para dictar una conferencia impactante.
Esos factores pueden, de hecho, trabajar en contra de una buena presentación. Pueden producir una falsa creencia de seguridad, tomar poco cuidado en la preparación y permitirle creer que el auditorio lo aceptará así por así. Usted ha sido invitado a hablar, debido a que alguien cree que usted tiene el conocimiento que puede ser compartido y asume que usted es un dictante competente para efectivamente comunicar dicha información. Todos los principios de hablar en público, se aplican a las presentaciones científicas. Aquellos dictantes que creen que sus credenciales y conocimientos sobre el tema niegan la necesidad de una adecuada preparación y el desarrollo de habilidades de hablar en público solo podrán transmitir parte de su mensaje.
Si su conferencia no está bien preparada y usted no la presenta de una manera que gane y mantenga la atención del auditorio, mucho del conocimiento que usted espera compartir se perderá. Una parte extremadamente importante para poder efectivamente comunicar lo que usted sabe, es preparar la conferencia o presentación científica para satisfacer las necesidades del auditorio a su nivel de entendimiento. El principal paso en la preparación de una conferencia a la que usted ha sido invitado es, entonces, conocer lo más posible sobre su auditorio como ya nos hemos referido anteriormente.
Esto es a menudo evidente, pero por si las dudas, pregunte:
Es mucho más fácil hablar a un grupo formado únicamente por especialistas o no especialistas. Si el grupo es de expertos o especialistas en su campo, usted le hablará en su propio idioma y tendrá la oportunidad de cautivarlos y estimularlos con su conocimiento y entusiasmo. Si es un grupo de no especialistas, usted todavía podrá cautivarlos y estimularlos, pero tendrá que ajustar el alcance y nivel de su material, el cual requerirá mucho más meditación y esfuerzo del que podría anticipar.
Generalmente cuando es necesario hablar a un grupo mixto o combinado de expertos y no expertos (profesionales y estudiantes) surge un gran problema. Muchos miembros del auditorio que son expertos o profesionales se sentirán mal si usted hace una presentación a nivel básico, lo mismo sucedería si usted habla frente a un grupo de no expertos en un lenguaje que va más allá del nivel de comprensión del auditorio.
Lo mejor en esta situación donde nos encontramos con un auditorio mixto formado por expertos y no expertos, es tratar de acomodar ambos niveles de entendimiento con un compromiso cuidadosamente astuto del cual cada quien gana algo. Una sugerencia útil sería el dedicar la mitad a dos tercios del tiempo a una introducción o resumen de su tema y dejar de último el material altamente técnico, científico o profesional.
Los no expertos entenderán y aprenderán de la primera parte y los expertos se beneficiarán de la segunda parte. Los expertos también ganarán nuevas formas sobre como presentar a no expertos.
Otra forma útil es presentar el material más técnico y luego resumir con “en otras palabras...” o “por analogía...” y presentar el material en un lenguaje simple y sencillo. Estos resúmenes breves deben ser presentados a todo lo largo de la conferencia y lo suficientemente frecuentes para prevenir que aquellos que no comprendan la información técnica desvíen su atención.
Una vez se haya determinado el tema del que usted va a hablar es conveniente que usted determine con anticipación la fecha, hora y lugar de la conferencia y el tiempo de que dispone. Pida siempre una confirmación por escrito y haga la anotación correspondiente en su agenda. Al preparar su conferencia es importante que usted tenga claro como su conferencia encaja en el programa general del evento donde usted participa y la relación con los demás conferencistas.
Resulta bastante engorroso encontrarse en un congreso y oír al conferencista anterior a usted cubrir la mayoría del tema que usted ha preparado. O peor aún, ser participante de un panel y haber llevado la introducción del tema y resulta que lo que a usted le toca son el resumen y las conclusiones.
Estas son algunas preguntas sobre el programa científico que usted debe hacerse antes de iniciar la preparación de un tema:
Si usted es el primer conferencista en una serie de conferencias sobre temas relacionados, su presentación puede apropiadamente incluir definiciones, fundamentos históricos y otros materiales introductorios. Si usted es el último dictante del programa, entonces, los resúmenes y conclusiones sería lo más apropiado. En el caso de que su ponencia se encuentre en el medio, es razonable asumir que antes de usted subir al podium, se habrán cubierto las partes introductorias, pero para estar seguro es mejor tener algunas notas que le ayuden a llenar algunas posibles brechas.
Como ya hemos mencionado en otros artículos, el mayor reto lo encuentra el charlista que tiene que presentar inmediatamente después del almuerzo, al final del día o al final del congreso Estos son momentos que requieren de un poco de teatro y una pizca de humor para captar y mantener la atención de los participantes. Pero por favor no se sobrepase. Antes de empezar a realizar el esquema de su conferencia usted deberá decidir cual es su objetivo o propósito, el tema que desarrollará, el nivel apropiado de profundidad y la extensión de la información que usted estará presentando.
El propósito primario de una conferencia científica es informar o instruir. Usted podría también sutilmente persuadir y hasta entretener a su auditorio, pero no pierda de vista su propósito primario. Su tema está definido dentro de la invitación a hablar y dentro del contexto del resto del programa. La profundidad y extensión del contenido científico estarán determinados en gran parte por el perfil del auditorio y el tiempo que se le ha concedido y no por el dictante o el tema.
Muchos dictantes en el área científica a menudo cometen el error de no entender que la comunicación efectiva requiere tanto del envío como de la recepción de la información. Parte del trabajo del dictante es poner al auditorio en “modo de recibo”. La fascinación de un buen dictante con el tema que discute es transmitida al auditorio y capta su interés para ganar su atención completa. En la preparación de la conferencia es necesario hacerse algunas preguntas y al incorporar las respuestas en su presentación, esto le ayudará a darle vida al tema y hacer su conferencia memorable y valedera.
Las preguntas son las siguientes:
El sello de distinción de cualquier conferencia científica es la claridad. Para lograr la claridad, la conferencia tiene que estar bien organizada y estructurada lógicamente. Como ya hemos mencionado, debe tener una introducción, un cuerpo y una conclusión. Toda buena conferencia tiene que tener estas tres partes. Si no las tiene no es una buena presentación, tan simple como eso.
La apertura o introducción presenta el tema al auditorio. En su introducción usted le da al auditorio su agenda o los puntos principales que va cubrir. ¿Por qué? Porque el público necesita algo así como un mapa. Ese mapa les prepara para escuchar y establecer sus expectativas. Si tratan de adivinar de qué se trata la conferencia se confundirán y dejarán de escuchar. De manera que en su introducción usted establece el tono, le da a su auditorio una visión panorámica y ofrece un resumen de los puntos principales que cubrirá en el cuerpo de su presentación.
Una vez que el público sabe qué escuchará en su conferencia, entonces es la hora de la carne o cuerpo de la presentación. Aquí cada punto es elaborado individualmente. Le da detalles, desarrolla sus ideas y los refresca con humor, cuentos, anécdotas y ejemplos.
Ya cubiertos todos los puntos, tiene que llevar a su conferencia hacia un cierre memorable. De otra forma las palabras se quedarán en el aire. De manera que resuma, revise de nuevo los puntos principales y deje a los miembros de su auditorio con una acción a ejecutar. Termine con una afirmación poderosa de manera que su auditorio se vaya pensando sobre su mensaje.
Una analogía que me gusta mucho es comparar las tres partes de una conferencia con un Hamburger o Confeburger. En un Confeburger la parte de arriba o tapa del pan es su introducción, la carne es el cuerpo de su conferencia y la parte de abajo o base del pan es su conclusión. Si usted examina este hamburger detenidamente se dará cuenta que la carne es la más gruesa y apetitosa y tanto la tapa como la base del pan son del mismo tamaño balanceando de esa manera el sandwich. Para hacer que su conferencia sea apetitosa necesita añadir algunas especias y condimentos. De otra forma la confeburger será sosa.
De manera que en la carne de su confeburger añada:
¡Delicioso! ¡Eh! Todo el mundo querrá una mordida. Ahora para hacer que su confeburguer sea visualmente apetitoso, usted podrá añadir algo de lechuga y tomates, o una rebanada de queso con un pepino, catsup, mayonesa y mostaza. Esto es lo que hacen las ayudas visuales que utilizamos en nuestras presentaciones. Las ayudas visuales hacen que su conferencia sea visualmente atractiva.
Ahora que ya le ha dado hambre, vaya a la nevera y prepárese un buen sandwich y luego regrese a leer más, ya que todos estos principios los vamos a poner en práctica más adelante.
Hoy es 21 de enero, día que los dominicanos le dedicamos a nuestra patrona.
Para mí tiene un gran significado pues es el día que nació mi hermana mayor, María Isabel Altagracia (Marisela) y es una fecha que nunca olvido.
Felicidades Marisela por tu cincuenta y ... tantos cumpleaños.
Datos Curiosos
Sabías que 1 de cada 13 mujeres dominicanas se llaman Altagracia.
Aproximadamente el 10% de la población dominicana visita cada año al cuadro de Nuestra Señora de la Altagracia en la Basílica de Higuey.
"Altagracia", porque la gracia más alta jamás otorgada a un ser humano es la de ser la Madre de Dios.
El cuadro de Nuestra Señora de la Altagracia es un ícono.No hay un elemento, un color ni una relación que no tenga su significado. Efectivamente hay 62 distintos símbolos en el cuadro. Se puede meditar sobre los siguientes:
La Estrella de Belén (es la Navidad) tiene ocho puntas (símbolo del cielo) con dos rayos extendiéndose hacia el pesebre: Dios Padre está bendiciendo a su Hijo.
Por encima de la Virgen hay doce estrellas (son las tribus de Israel y, a la vez, los apóstoles de Jesús). María es el puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Alrededor de María hay un resplandor (cf. Apocalipsis 12, 1). Ella lleva una corona por ser la Reina del Cielo, y un velo sobre la cabeza porque está casada. Está vestida de rojo, porque es un ser humano, y cubierta de blanco por ser sin pecado concebida. Lleva un manto azul celestial salpicado con estrellas porque "el poder del Altísimo vendrá sobre ti".
San José está vestido al revés. Tiene el azul de su santidad escondido bajo un manto rojo por ser de este mundo, y lleva una vela para dar luz a su esposa, y a las necesidades materiales de las cuales es patrono.
El niño Jesús está durmiendo (y está muerto) pero despertará (y resucitará), sobre un pesebre que es, a la vez, un altar (y su sepulcro).
Atrás hay una columna, señal de que estamos en un templo. La cueva es un templo porque allí habita Dios mismo: el niño Jesús.
Las hendiduras en el techo, arriba a la izquierda, nos dicen que el mundo está decayendo, pero Jesús ha venido para restaurarlo.
Encima de todo, es milagrosa
A pesar de todo lo dicho, la Altagracia es importante para el pueblo dominicano porque es milagrosa. Desde hace 500 años Nuestra Señora de la Altagracia está intercediendo ante su Hijo Jesús para que intervenga en nuestra vida cotidiana.
En la actualidad, casi no existe una familia dominicana en donde no se encuentre un testimonio de la intercesión de "Tatica", Nuestra Señora de la Altagracia.
El primer documento que tenemos que habla de la Altagracia, en 1569, menciona tres milagros. Y desde entonces han sido incontables.
Se celebró una misa el 21 de enero de 1692, para dar gracias a la Altagracia por haber protegido a los voluntarios de Higüey y El Seibo quienes, un año antes, habían participado en la batalla feroz y sangrienta de "La Limonade". Todos volvieron a casa sanos y salvos sin rasguño alguno. ¡Era un milagro patente! Desde entonces se ha celebrado la fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia en el aniversario de este milagro.
Hoy día hay al menos una religiosa "de servicio" en la basílica diariamente para recibir las promesas y anotar los milagros otorgados por la intercesión de la Altagracia.
La Historia Oral
Hay una leyenda que tiene su origen -casi seguro- en hechos verídicos, de un hacendado de Higüey con dos hijas. A la vuelta de un viaje a Santo Domingo, pasando la noche en una posada, compartió su desilusión porque, aunque había encontrado las cintas y botones que le había pedido la hija mayor, no hallaba ni una estampita de la "Altagracia" que su hija menor quería tanto. Con eso, apareció un anciano con un lienzo de la Virgen: "¡Es eso lo que está buscando!" Luego el anciano desapareció.
El hacendado llevó el cuadro a su casa, y lo colgó en la sala principal. Al día siguiente el lienzo no aparecía. Se lo encontró de nuevo en la copa de un naranjo. En los próximos días se repitió la desaparición una y otra vez.
El "Antiguo Santuario" está construido donde se ubicó el naranjo.
La Historia Escrito
A la vez, hay un historiador, Gerónimo Alcocer, quien escribió (en 1650) que los hermanos Alfonso y Antonio Trejo - hidalgos de Plasencia, España - trajeron el cuadro. Los investigadores pueden demostrar que los hermanos vivieron en Higüey, desde 1508. Hay siete u ocho documentos que lo confirman, pero en España no hay ni la más mínima pista de su existencia: es un misterio.
El Misterio
Al fin y al cabo, después de seguir cada pista hasta un "callejón sin salida", hay que decir que casi todo lo que se refiere al cuadro de la Altagracia es un misterio.
¿Quién lo pintó? ¿Cómo llegó a Higüey? ¿Por qué Dios quiso que estuviera en Higüey? ¿Por qué es milagroso? Sólo Dios sabe.
A nosotros nos queda arrodillarnos humildemente y adorar a nuestro Señor y Salvador, junto con Nuestra Señora de la Altagracia, Protectora de los dominicanos.
Reflexión
Hay miles de peregrinos que visitan la Basílica de la Altagracia en Higüey cada año. Vienen con todo tipo de ideas. Algunos tienen la fe para mover montañas. Otros no entienden demasiado. Pero todos tienen tanta fe que han tomado la decisión de viajar, gastando dinero y tiempo, para visitar a la Virgen.
¿Por qué es tan popular esta "Protectora del Pueblo Dominicano"? La respuesta es muy sencilla: Porque es "milagrosa". ¿Y por qué es "milagrosa?" La segunda respuesta necesita algo más de tiempo:
Todo milagro es la respuesta de Dios a la fe. Jesús nos dice: «Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis» (Mateo 21, 22). Dios es amor. Jamás se ha metido donde no haya sido invitado. Sin embargo, él quiere ayudarnos, y solamente hace falta que le pidamos "con fe en la oración" para que intervenga en las formas más inverosímiles y asombrosas. Él sabe que los más genuinos en su pueblo son muchas veces los más sencillos, así que está contento de simplificar las cosas, permitiendo que una imagen enfoque su fe. Claro está: el buen católico adora solamente a Dios y reserva su veneración para los santos representados en las imágenes.
Sería un error si sólo nos quedamos asombrados frente a los milagros, con la boca abierta y la mente corriendo tras explicaciones fáciles. Es cierto que los milagros son insólitos y llamativos, pero a Dios no le gusta el "figureo". Cada vez que él interviene en la vida de alguien es porque quiere atraerlo hacia él. Dios no quiere perder a ninguno de nosotros. Por eso nos llama la atención para que nos paremos en el camino y consideremos la vida y nuestro lugar en ella. Su deseo es que -por nuestra propia voluntad- tomemos la decisión de enmendar nuestras vidas, y buscar a Dios.
Efectivamente, jamás he oído de un milagro conseguido por intercesión de la Virgen de la Altagracia que no trajera -como consecuencia- la conversión de la persona (o alguien cercano a la persona) que la recibió.
Volvamos a contemplar el cuadro de Nuestra Señora de la Altagracia:
Lo que nos llama la atención a primera vista es la figura central de María. Sin embargo, al acercarse más, es evidente que el gesto de su cabeza nos llama a prestar más atención todavía al que está en el primer plano: Jesús.
Este gesto -lleno de ternura- nos hace recordar que, a pesar del papel principal dado a María en esta obra, la Iglesia existe para evangelizar, es decir, proclamar la Buena Nueva: ¡Hay salvación en el nombre de Jesús! Al final, todos nuestros esfuerzos tienen que tender hacia Jesús, hacia el Amor.
Los que hemos sido atraídos por las dulces redes de la Madre de Dios tenemos el privilegio y el deber de llevar nuestros prójimos "a Jesús por María": a través de la Madre hacia el Hijo.
Oración:
"Que la Virgen de la Altagracia, Señor, interceda por nosotros". Amén.
http://www.aciprensa.com Datos tomados de Aciprensa, lo que todo católico debe saber
Si usted es de las personas que cuando tiene que dar una presentación (conferencia, cátedra, disertación, etc.) al ponerse frente al público le tiemblan las piernas, se le bloquea el cerebro y no puede hablar y cree que lo que va a decir resultará lo más tonto que jamás usted haya dicho; entonces usted tiene miedo escénico.
Según algunas estimaciones, el miedo de hablar en público es el número uno de todos los miedos, por encima del miedo a la muerte. Nueve de cada diez personas tienen algo de miedo o ansiedad al enfrentarse a la necesidad de hablarle a un grupo de personas. El miedo escénico supera al miedo a los aviones, a las culebras y a las alturas.
Algunas personas evitan completamente las presentaciones, con lo que limitan sus posibilidades de éxito o crecimiento profesional. Otras lo hacen cuando se les pide, pero se muestran nerviosos y cohibidos. Esto reduce su eficacia.
Tenemos miedo al miedo porque si no lo manejamos, nos inhibe para correr riesgos, nos impide llevar ideas innovadoras a la acción y hacerlas realidad, impide pensar con creatividad y claridad, puede llegar a paralizarnos, y nos genera la mayor parte del estrés que experimentamos. Aunque tener miedo es común, es algo aprendido.
Es una emoción con la que hemos sido educados. Un niño nace con tan solo dos temores naturales: el miedo a caer y a los ruidos fuertes.
La cultura, la familia y los gobiernos utilizan el miedo para instruirnos y controlarnos. Generalmente lo utilizan de manera incorrecta y esto nos condiciona a temores enfermizos. Si reconoce que casi todos los miedos, incluso el miedo a la muerte, son aprendidos, le tengo una buena noticia: ¡puede desaprender lo aprendido! Desaprender el temor conlleva un fuerte deseo a ser libres. Para ello debe desarrollar una voluntad de re-entrenamiento.
Muchas veces el miedo es construido infundadamente, a lo mejor exagerado hasta llevarnos a la parálisis. Cuando el miedo es construido por usted y alimentado con pensamientos fatalistas, puede, cambiando sus pensamientos, construir la posibilidad de salir ganando. Lo que hace falta es valor, disposición y preparación para enfrentarlos.
Otras veces el miedo es un aliado. Es quien le pone en alerta y le conduce con precaución por terrenos riesgosos. El asunto no está en tener o no tener miedo. Radica en saber manejarlo.
Hace siglos que Cicerón consideraba al miedo escénico no solo como natural sino necesario: “a mis ojos, decía Cicerón, el orador, incluso el mejor, el que tiene la comunicación más fácil y mejor adornada, si no se intimida en el momento de tomar la palabra..., es un desvergonzado o poco menos”.
El miedo se puede experimentar de muchas maneras distintas; puede sentirse como cosquilleo en el estómago, un latido rápido del corazón, corte del aliento, voz entrecortada, sudor en las palmas de las manos o algunas combinaciones de ellas. Lo importante es uno tomar conciencia de ello para hacer algo al respecto. El problema es que a veces no está consciente de estar asustado o no lo acepta. Entonces, está atrapado.
En el caso de las conferencias, el miedo escénico y el temor a hablar en público, vale decir que son miedos aprendidos y perfectamente superables. Claro, hay que prepararse. Usted tiene que aprender a manejar la actitud y las técnicas.
Para manejar la actitud:
Ø Identificar cuales son los mensajes internos que le hacen perdedor.
Ø Sustituir los pensamientos de perdedor por pensamientos de ganador.
Ø Contagiarse de un deseo profundo de querer hacerlo.
Ø Contactarse con los beneficios de hacerlo bien.
Ø Entender que el "sustito" nos asocia a la responsabilidad de hacerlo bien.
Ø Desarrollar la autenticidad, la congruencia y la honestidad en uno.
Ø Focalizar en sus dones y cualidades, en sus otros éxitos y logros.
Ø Preguntarse ¿qué es lo peor que puede pasar? Y si llegara a pasar ¿qué puede hacer? Lo mejor es reconocerlo, aceptarlo y ser empático consigo mismo, detenerse y escucharse para prepararse ante eso que no se siente preparado.
Busque un modelo, observe, pida ayuda. Hágase cargo de la situación y no permita que el miedo lo maneje a usted. Maneje usted su miedo. Si no, es probable que lo temido, sea lo que suceda.
Las personas que tienen miedo escénico pueden experimentar toda clase de síntomas característicos de los miedos ya mencionados: palmas de las manos sudorosas, pulso acelerado, pérdida de memoria y hasta dificultad para respirar.
Muchos dictantes o conferencistas famosos han admitido libremente que han tenido miedo escénico y que se han puesto nerviosos frente a un auditorio. Un gran orador dijo alguna vez “Hay dos tipos de oradores: aquellos que son nerviosos y aquellos que son mentirosos y no dicen que son nerviosos.” Todo el mundo, aún el más experimentado de los charlistas, tiene miedo escénico.
Para reducir su miedo, usted debe asegurarse que se ha preparado completa y apropiadamente antes de la presentación. La apropiada preparación y ensayo puede ayudar a reducir su miedo en un 75%. Las técnicas de respiración y relajación pueden ayudarle a reducir este miedo en un quince por ciento adicional. Su estado mental constituye el diez por ciento restante.
En el año 2000 tuve la oportunidad de asistir y participar en el XII Congreso Latinoamericano de Odontología Pediátrica que se celebró en Santiago de Chile. Cuando llegó el momento de presentar mi conferencia y subí al podio mis piernas parecían de mantequilla, era un tembleque que pensé que me iba a caer. Inspiré. Miré a Lesbia mi esposa, a mi hija Aurora, a mi colega y amigo Freddy y a mis alumnas que formaban parte del auditorio. Cogí fuerzas. Volví a inspirar profundamente y me relajé. Convertí el nerviosismo en energía positiva. Me ayudó a tener valor y ganar confianza en mí. La presentación que hice fue impactante y dinámica. Me sabía muy bien el tema y había preparado y ensayado cuidadosamente mi presentación.
Evite la utilización de estimulantes artificiales para reducir su miedo ante el público, ya que esta forma de ninguna manera resuelve el problema porque elude profundizar en la raíz del asunto. Si su miedo es obsesivo es preferible que visite a un profesional de la conducta para que le ayude.
El profesional de éxito no evita el camino que puede favorecer su crecimiento.
A continuación le presento una lista de sugerencias que usted puede utilizar para reducir su nerviosismo de hablar en público.
La primera y más importante de todas es la preparación. Hay que aplicar lo que he llamado la regla PAPEME (Preparación Anticipada Previene El Miedo Escénico). Nada lo relajará más que el dominio del tema y la preparación apropiada anticipada.
La lista de sugerencias es la siguiente:
Conozca y estudie el lugar donde se dará la conferencia o conferencia. Llegue temprano y camine alrededor de la sala incluyendo la tarima, podio o tribuna. Párese frente al atril y hable por el micrófono (¡no sople ni diga un, dos, tres...probando, por favor!, sea original); recorra con su vista todo el salón. Determine la amplitud de la sala. En caso de que falle el micrófono compruebe si puede prescindir de él, averigüe si se va a utilizar un micrófono inalámbrico, lo cual es ventajoso pues da mayor libertad de movimientos. Siéntese en los asientos donde va a estar el público. Camine desde el lugar en que usted va a estar sentado hacia el podio.
Si es posible reciba a algunos de los participantes del auditorio a medida que llegan y hable con ellos. Es más fácil hablar a un grupo de amigos que a un grupo de extraños. Si necesita de un equipo especializado para hacer su presentación asegúrese que esté disponible.
Si su presentación es con proyector de diapositivas verifique otra vez de que las diapositivas se encuentran orientadas apropiadamente en el carousel.
Asegúrese que el botón de enfoque trabaja adecuadamente y determine quién es el encargado de avanzar las diapositivas. Verifique que el control trabaja apropiadamente (avance, retroceso, foco).
Si su presentación es computarizada haga un mini ensayo en el salón. Compruebe y verifique su equipo varias veces. Recuerde que es su presentación y usted desea que todo quede bien, de manera que si necesita ayuda con el equipo, solicítela. Es mejor pedir ayuda anticipada que durante la presentación. Siempre determine quien es el encargado de manejar los equipos.
Compruebe que todos los accesorios que va a necesitar estén presentes: tizas, borrador, marcadores, control y especialmente un puntero. Si es un puntero láser, verifique que tenga baterías y que trabaje apropiadamente.
Si utiliza un control/mouse remoto en una presentación eléctronica puede obviar el uso del puntero. Si no esta familiarizado con el material que va a presentar o si se siente incómodo con éste, su nerviosismo y ansiedad se incrementarán.
Practique con días de anticipación su presentación o conferencia y revísela hasta que la pueda presentar con facilidad. Aprenda a relajarse. Una de las mejores formas de relajación y de disminución de tensión es haciendo ejercicios. Siéntese cómodamente con su espalda derecha. Aspire lentamente, aguante la respiración por cinco segundos, y entonces exhale.
Para relajar los músculos faciales, abra su boca y ojos ampliamente y luego ciérrelos apretadamente (¡en privado, por favor!). Antes de una conferencia evite comer o beber en exceso, pues se sentirá pesado y le restará agilidad y reflejos. La energía que necesita para hacer una buena presentación y concentrarse en su mensaje tendrá que utilizarla en el proceso de la digestión.
Si usted es fumador como yo (dinosaurios del siglo XXI) evite fumar por lo menos quince minutos antes de su presentación.
Después de fumar beba un buen vaso de agua y recuerde ir al baño antes de hablar a su auditorio.
No tenga miedo en insistir en tener unos pocos minutos a solas antes de la presentación, lo corriente es de 15 a 30 minutos. Si usted tiene que cumplir con un itinerario o un horario estricto, asegúrese de que tenga tiempo para prepararse.
Use este tiempo para reexaminar sus materiales, y las frases introductorias y concluyentes de su presentación. No permita ser distraído por los miembros del auditorio que quieran hablar con usted.
No espere hasta último momento para ir al baño, y recuerde inspeccionar su apariencia, incluyendo la cremallera (el zíper), los botones, su chaqueta o saco, corbata, accesorios, prendas, labios (las mujeres) y cabello antes de reaparecer en público.
Imagínese caminando con confianza hacia el podio a medida que el auditorio le aplaude. Vislúmbrese hablando con voz alta, firme y segura. Cuando usted se ve teniendo éxito, usted tendrá éxito. Visualice su presentación tantas veces como le sea posible, con los más mínimos detalles que quiera ver realizados.
Nunca pida perdón en una conferencia. No se excuse por estar nervioso. La mayoría de las veces su nerviosismo no se nota para nada. Si usted no lo menciona nadie lo advertirá. Si usted pide excusas por su nerviosismo o se excusa por cualquier problema que usted crea tiene su presentación, lo único que está haciendo es llamando la atención hacia éste. Si se queda callado es muy probable que nadie lo descubra.
Se supone que esta presentación representa su mejor esfuerzo, si se excusa, quiere decir que usted no hizo su trabajo apropiadamente.Concéntrese en su mensaje no en el auditorio o público. Sus sentimientos de nerviosismo se disiparan si concentra toda su atención alejada de su ansiedad y se centraliza en su mensaje y en las personas que lo recibirán.
Cuando usted compra un periódico no repara en el vendedor. Es la noticia lo que quiere. El mensaje, aquí está el detalle. Recuérdelo siempre. Apréndalo hasta conocerlo como la palma de la mano. Crea en él de todo corazón. Hágalo así, y será dueño de las circunstancias y señor de sí mismo.
La misma energía nerviosa que causa su miedo escénico puede ser transformada en vitalidad y entusiasmo. No se ponga nervioso pensando que se va a poner nervioso. Algunos grandes autores afirman que el miedo es estimulante, despierta la mente y la lengua y desarrolla la sensibilidad de los centros nerviosos, adaptándolos a las necesidades del momento.
Procure que ese estremecimiento del corazón que le provoca el tener que hablar frente a un auditorio, le ponga en marcha ese misterioso mecanismo que lubrica la mente y que prepara las palabras para que se deslicen sin esfuerzo desde sus escondites y se ordenen en un lenguaje coherente que le permita empezar a hablar.
La experiencia incrementa la confianza que es la llave de una conferencia efectiva. La mayoría de los charlistas principiantes encuentran que sus ansiedades disminuyen después de cada una de las presentaciones que exponen. Cuanto más habla uno en público, tanto mayor es la seguridad profesional que se adquiere. Y es cierto también lo contrario:
Cuanto menos habla, tanto más se oxida. Con la práctica se logra la perfección.
Si el miedo escénico causa que usted se prepare más, entonces ese miedo puede ser su propio antídoto. Recuerde: “aquel que falla en prepararse se está preparando para fallar”. De manera que Prepárese, Prepárese, Prepárese.
De una cosa estoy seguro: de que el adiestramiento y la ejercitación harán desvanecer el temor al auditorio, instaurándose por siempre la confianza en uno mismo. El dictante principiante descuida con mucha frecuencia este aspecto. ¿Cómo vamos a poder enfrentar los fusiles del miedo y los cañones del nerviosismo si en la batalla los enfrentamos desarmados? Nuestra principal arma será una preparación total, textual y rigurosa. La calidad de su presentación disminuirá en proporción directa al tiempo que no haya dedicado a esta especial labor de la preparación.
Toda persona que se ve en la necesidad de hacer una presentación de cualquier tipo, tiene que hablar en público.
Cuando las personas tienen que hablar en público generalmente manifiestan que lo que más le importa es, sobreponerse a su nerviosismo, aprender a pensar estando de pie y hablar con confianza y facilidad delante de cualquier auditorio.
La mayoría de las personas, no importan cuan a menudo hablen en público, sienten cierta turbación momentos antes de comenzar, pero pocos segundos después, esa turbación desaparece. La tensión emocional siempre es positiva si no es excesiva. La adquisición del valor y de la confianza en sí mismo, y la facultad de discutir con calma y claridad mientras se habla a un auditorio, no presenta un décimo de la dificultad que la mayor parte de la gente supone.
Para algunos, la presencia de un auditorio es un estímulo, una inspiración que obliga al cerebro a trabajar con mayor despejo y agudeza. Para otros, es motivo de ansiedad y nerviosismo.
Es harto probado que lo único que puede ayudar a desvanecer el temor al auditorio y darnos por siempre valor y confianza en nosotros mismos es el adiestramiento y la práctica.
El primer método, el único método, el método que nunca falla para desarrollar la confianza en nosotros mismos cuando hablamos en público, consiste en...hablar. Ya que el modo más seguro para aprender a nadar es lanzarse al agua.
¿Quién no tiene que hablar en público? Es muy difícil no tener que hacerlo alguna vez. Imposible si se trata de una persona que tiene que hacer algún tipo de actividad social y profesional. De una manera general se podría decir que para participar en la vida social hay que saber comunicarse.
De esto resulta clara una cuestión: todos necesitamos aprender a hablar en público...y necesitamos hacerlo bien.
Bueno, si la mayoría de las personas tienen que hablar en público la pregunta obligada es ¿cómo aprender a hablar en público? Para esto no existe una “receta” como en el arte culinario, pero sí algunas sugerencias que pueden ser de mucha utilidad. Lo esencial, como mencionamos anteriormente, es aprender haciendo: ¡lanzarse al agua! Por lo general la gente sabe “qué decir”, el problema se plantea en relación al “cómo organizar las ideas y cómo decirlo”.
En ese sentido las técnicas de expresión y de comunicación sirven para potenciar la capacidad de transmitir bien lo que se sabe. Dicho de otra manera: de lo que se trata es de “aprender a decir” lo que sabemos y esto implica el aprendizaje de habilidades específicas que aquí denominamos técnicas de comunicación oral.
Diferencia entre Comunicación y Expresión
No es lo mismo comunicación que expresión.
Comunicarse bien es más difícil o por lo menos más complejo, que expresarse bien.
Por otro lado una buena expresión puede no producir una buena comunicación.
Expresar es manifestar los pensamientos, actitudes o sentimientos por medio de la palabra, de los gestos o de los comportamientos.
Este término proviene del latín expressus que significa exprimido, salido.
Ahora bien, esta idea de hacer salir no implica, necesariamente, que esa exteriorización sea captada o sea recibida por el otro o los otros.
Comunicar, en cambio, es siempre un enlace entre dos puntos, es tener correspondencia unas personas con otras. Es transmitir y recibir; la comunicación es siempre cosa de dos.
Esta palabra proviene del latín comunicare que significa hacer común, compartir.
Para que se dé un proceso de expresión, basta con que haya transmisión, sin que el emisor atienda las incidencias de la recepción; en cambio, para que se dé una comunicación debe existir además la recepción de lo que se transmite.
Por lo tanto aquí no me preocupo tanto a enseñar a hablar con fluidez y buena sintaxis (saber expresarse), sino a proporcionar algunos elementos que sirvan para comunicarse ante un auditorio, mediante el uso de la palabra, el gesto y con el apoyo de ayudas visuales.
No cabe duda que, cuando mejor se expresa alguien, tanto mejor, sin embargo, el énfasis está puesto en el hecho de la comunicación.
La Capacidad de Hablar en Público
¿Es Innata o Adquirida?
Esta cuestión se discutía mucho en otros tiempos, hoy se considera una controversia no significativa. Son muy pocos los que sostienen que las cualidades de oratoria son innatas. O por el contrario, casi nadie afirma que se llega a serlo con el mero hecho de capacitarse para ello.
Existe un acuerdo bastante generalizado de que la capacidad de hablar en público es una combinación de lo innato y lo adquirido, es un don y es un logro.
Es un don, porque no se puede negar que ciertas cualidades o dones naturales, predisponen a determinadas personas a la oratoria o palabra pública: seguridad en sí mismos, rasgos más o menos simpáticos, el timbre o potencia de la voz, la prestancia del cuerpo, el aplomo o audacia y, sobre todo la vitalidad y el entusiasmo, son cualidades que ayudan a transformarse en un buen orador.Por otro lado, si se adolece de graves deficiencias, sobre todo en la expresión verbal, difícilmente se puede lograr un pleno desarrollo en la capacidad de comunicación oral. Sin ninguna disposición innata no se puede llegar a ser un buen orador.
Y es un logro, porque si bien ciertas cualidades son necesarias, no son por sí mismas suficientes: Hay que hacerse orador. En ninguna persona existen condiciones innatas para la oratoria solo sujetas a la maduración. Por muy destacadas que sean esas cualidades, siempre es necesario hacer un esfuerzo para prepararse. Hablar bien en público tiene mucho de arte como también tiene de ciencia. Pero para llegar a ser un buen conferencista, hay dos condiciones fundamentales que pueden ayudar mucho, y son dos condiciones que están más allá de las técnicas de comunicación oral: