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Comunicación con Poder...y Punto

La Memoria

La Memoria Una excelente memoria es una de las principales condiciones para lograr una buena oratoria, pues asegura en cualquier momento un arsenal disponible de ideas, hechos e imágenes, a las que se puede recurrir en un discurso o conferencia.

 

La memoria es como un tesoro para el dictante u orador, ya que puede utilizar en cualquier oportunidad frases, vocablos, citas, imágenes, sentimientos, ideas, pensamientos, datos, anécdotas, etc.

 

El poseer una buena memoria es, en parte, hereditario; no todas las personas tienen buena memoria, sin embargo, todos podemos mejorarla. 

Para ello hay que aplicar las llamadas "leyes naturales de la memoria": concentrarse para tener una impresión profunda de lo que debe memorizar, repetir hasta fijar en la memoria (grabándolo poco a poco) y asociar formando diversas y múltiples relaciones.

 

La persona promedio no emplea más del diez por ciento de su verdadera capacidad heredada para la memoria. Malgasta un noventa por ciento por violar las leyes naturales de la memoria: impresión, repetición y asociación.

 

El primer mandato de la memoria es obtener una impresión profunda, vivaz y duradera de la cosa que deseamos retener. Para lograr esto es necesario concentrarnos. Grabe sus impresiones en acero y no las escriba en la arena. Es muy difícil grabar algo sobre el acero, pero una vez grabado es casi imposible borrarlo.

 

Cinco minutos de concentración vivaz, vigorosa, dará resultados más beneficiosos que días enteros de errar distraídos en  sopor mental.

 

Estoy muy seguro que usted nunca dirá que una cámara no sirve porque no saca fotografías en la niebla; sin embargo, espera que su mente retenga impresiones borrosas y nebulosas en extremo.

 

Decía Abraham Lincoln que leía en voz alta, cualquier cosa que quería aprender, ya que de esa manera dos sentidos captaban la idea: primero, se ve lo que se lee; y segundo se oye, y por lo tanto se puede recordar mejor.

 

Lo ideal sería no solo ver y oír lo que hemos de recordar, sino también tocarlo, olerlo, probarlo y saborearlo. Pero sobre todo verlo. La vista es nuestro sentido más desarrollado. Las impresiones visuales quedan.

 

Muchas veces me ha sucedido y estamos seguros que le ha pasado a usted también, que podemos recordar la cara de una persona aunque hayamos olvidado su nombre. Los chinos tienen un proverbio que dice: "Ver una vez equivale a escuchar mil veces".

 

La segunda ley natural de la memoria es la repetición.

 

Podemos recordar una cantidad casi interminable de material si lo repetimos suficientemente a menudo. Repase lo que quiere recordar. Uselo. Aplíquelo.

 

Emplee las palabras recién aprendidas. Llame a los extraños por sus nombres si quiere recordarlos. En sus conversaciones, hable sobre los puntos que va a tocar en su presentación.

 

Todos los conocimientos que son empleados tienden a fijarse en la memoria.

 

Pero el simple repetir ciego y mecánico no es suficiente. La repetición inteligente, la repetición efectuada de acuerdo con ciertas características bien establecidas del cerebro es lo que usted debe de hacer.

 

El individuo que se sienta y repite algo una y otra vez hasta que por fin la fija en su memoria, esta gastando el doble de energía y tiempo que se necesitan para obtener el mismo resultado cuando se divide el proceso de la repetición en intervalos sensatos.

 

Esta particularidad de nuestra mente lo podemos explicar por dos factores:

 

Primero: durante los intervalos entre las repeticiones, nuestro subconsciente esta ocupado en asegurar mas fuertemente las asociaciones.

 

Segundo: el cerebro reanudando la tarea después de los intervalos, no se fatiga con el esfuerzo de una aplicación constante.

 

Es por estas razones que ninguna persona con sentido común dejará para practicar su presentación, para la víspera del día que deberá dictar su conferencia. Si lo hace, su memoria trabajará, necesariamente, con solo la mitad de su eficacia posible.

 

Es conveniente que la practique a intervalos regulares con algunos días de anticipación a su ponencia. Se ha demostrado que del nuevo material que hemos aprendido olvidamos más en las primeras ocho horas que durante los próximos 30 días.

 

Esto  le indica que es necesario que refresque su memoria, repase sus datos y piense en lo que va a decir inmediatamente antes de una presentación.

 

La tercera ley natural de la memoria es la asociación, aunque la he dejado de último es un elemento indispensable para la memoria.

 

Nuestra mente es en esencia, una máquina de asociaciones.

 

Las leyes de la asociación gobiernan todos aquellos movimientos del pensar que no están interrumpidos por sensaciones que nos lleguen desde afuera.

 

Todo lo que aparezca en la mente debe ser introducido; y cuando se introduce, se asocia con algo que ya está allí.

 

Una memoria educada descansa sobre un sistema organizado de asociaciones; y su bondad depende de dos características:

 

  1. La persistencia de las asociaciones.
  2. Su número.

 

El secreto de una buena memoria es formar diversas y múltiples asociaciones con todos los hechos e ideas que queremos retener.

 

De dos individuos que tengan la misma experiencia exterior, el que medita más en sus experiencias, y las asocia en relaciones más sistemáticas entre sí, será el que tenga mejor memoria.

Para poder asociar hechos e ideas usted debe enlazarlos para que tengan toda una relación sistemática entre sí. Esto se logra hallando su significado, meditándolo. Cada vez que se le presente un nuevo dato deberá cuestionarlo con:

 

  • ¿Por qué es esto así?

 

  • ¿Cómo es esto así?

 

  • ¿Cuándo es esto así?

 

  • ¿Dónde es esto así?

 

  • ¿Quién dijo que esto fuera así?

 

Para recordar los puntos de su conferencia, dispóngalos en un orden lógico que conduzca de uno a otro.

 

En sus diapositivas utilice palabras claves o imágenes que le ayuden a recordar lo que tiene que decir.

 

No escriba frases completas pues tendrá la tendencia a leer lo que está escrito y el auditorio también y no va a recibir el mensaje que usted quiere dejar.

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